52. AL CALOR DE LA IGLESIA

2276 Palabras

Alma Era como si la vida quisiera ponerme a prueba con los retos más difíciles, primero mi hermano Francisco, después Claude y sus “juegos”, luego la boda y ahora Emilio contándome sobre esta llave y una posible desgracia para todos, aunque todavía no entiendo qué pudo dejar el padre Ocampo bajo llave… a menos que… No, imposible, él jamás lo haría ¿O sí? —Alma, nos toca. Cuán distraída debía estar con los últimos acontecimientos que no vi en qué momento llegó Francisco, mas él no lograba sostenerme la mirada aun cuando yo lo hacía, no con odio, porque no tengo la cabeza para odiar ahora mismo a nadie, pero sí tenía un torbellino de emociones invadiéndome igual que a él. Continuamos el camino, los invitados nos veían desde las primeras bancas siendo las familias de más renombre en el pu

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