MEGAN Intento no pensarlo mucho pero el viernes estoy de lo más inquieta durante el trabajo. Se nota como esta noche todos iremos a la cena porque hay un ambiente relajado y bastante animado en la editorial. Pedro golpea mi puerta con los nudillos y entra sin avisar mucho más y suelta dos nuevos manuscritos en mi escritorio. —Son para la semana que viene, el miércoles. ¿Crees tenerlos o le doy uno a Tina? Debería bajar el ritmo, Marco ha bromeado con que me quemaré el cerebro si sigo así pero hasta que no empiecen las clases no tengo algo mejor que hacer. —No, puedo yo. Lo tendré listo —digo. Puede que también acepte por el echo de que Pedro me mira mucho sobre el hombro, no lo dice, pero por sus expresiones estoy segura de que piensa que por ser tan joven y estudiante no seré ni la

