EZRA Sabía que hoy había tenido demasiada suerte, era imposible que todo resultara saliendo bien a pesar de los traspiés que tuvimos y de que hubiésemos resultado con heridas leves, pero perfectamente bien, y cuando vi a ese hombre al que llamé padre toda mi vida, yaciendo inconsciente en el suelo producto de una bala disparada por mí, no sentí nada, ni rabia, o tristeza, ni siquiera alegría, tal vez un poco de alivio porque finalmente se había acabado todo, pero ese alivio duró muy poco. Pues ni siquiera después de muerto él me va a dejar ser feliz, y no puedo decir que me haya tomado por sorpresa, pues él me lo advirtió muchas veces antes, que si él caía me llevaría consigo, y cuando siento las esposas cerrarse en mis muñecas, sé que cumplirá su promesa, sé que él seguirá haciend

