Ainhoa - 17 años Después de que se fue mi hermano, la soledad me pegó de una forma tan grande que puedo jurar que no paré de llorar hasta que un día ya no caían lágrimas, solo eran sollozos vacíos que salían de mi garganta. Estaba sola, completamente sola, mi madre confundió mi depresión con la mentira que le dije de haberme lastimado e hizo todo lo posible por animarme llevándome a una terapia que no servía para nada, porque estaba dirigida a la parte errónea de mi cuerpo; yo necesitaba terapia para el corazón. Así que me encerré en mi propio mundo, donde sólo existía una foto de Manu gastada, un móvil que en meses no se había prendido y mi ropa de ballet que fue escondida hasta el fondo de mi armario porque no la quiero ver, simplemente no estoy lista para hacerlo. Mi carrera, admin