[MAËL] —¡Nayla! —exclamo siguiéndola por todo el hotel. Subo las escaleras, atravieso las terrazas que forman parte de este sitio construido entre cuevas, y bajo tratando de alcanzarla, pero ella no se detiene—. Nayla, por favor —insisto y trato de detenerla sujetándola del brazo suavemente—. ¿Puedes escucharme? —le pido. Al verla a los ojos, me doy cuenta de las lagrimas que se han acumulado en sus ojos y me siento fatal por hacer que ella este así. —¿Qué es lo que me dirás? ¿Qué no me deseas? —inquiere firme y tan solo puedo mover mi cabeza de un lado a otra. —No sabes lo que dices —murmuro. —Claro que sé lo que digo. Lo sé, no soy una mujer normal, no he estado con nadie y eso te hace dudar de todo, pero soy yo quien te está pidiendo que seas el primero, ¿acaso sientes mucha respon

