[CLAIRE]
La calma de Italia queda muy lejos de nosotros.
El silencio que sigue después de las palabras de Adrien no es incómodo, pero sí denso, como si el aire dentro de la suite hubiera cambiado de peso en cuestión de segundos. El portátil permanece abierto sobre la mesa, la pantalla todavía iluminada por los últimos registros del sistema de la empresa, mientras el paisaje tranquilo del valle entra por las ventanas abiertas sin tener idea de lo que acaba de empezar a desmoronarse al otro lado del mundo.
Adrien se queda recostado ligeramente en la silla durante unos segundos más. Sus ojos no están en la pantalla ni en mí; están en algún punto intermedio donde claramente está reorganizando todo lo que acaba de escuchar.
Yo también intento hacerlo.
Lumière Noire.
El jazmín.
La sustitución.
Las reacciones en clientes.
Todo encaja demasiado bien.
Y eso es precisamente lo que más me inquieta.
—Lo siento —digo finalmente.
No sé si es la frase correcta, pero es la única que logra abrirse paso entre el torbellino de pensamientos que tengo en la cabeza.
Adrien levanta la mirada hacia mí con una expresión que no alcanzo a descifrar del todo.
—¿Por qué?
—Porque esto empezó conmigo.
La frase sale más directa de lo que esperaba. Señalo ligeramente la pantalla del portátil.
—Si no hubiera insistido con ese lote… si no hubiera estado revisando la fórmula una y otra vez…
Adrien niega suavemente con la cabeza antes de que termine la frase.
—Claire.
Su voz es tranquila, pero firme.
—Si no hubieras insistido, esto habría pasado igual. La única diferencia es que lo habríamos descubierto mucho más tarde.
Se inclina hacia adelante, apoyando los antebrazos sobre la mesa.
—Y probablemente con la mitad de la línea afectada.
Quiero discutirlo, pero sé que tiene razón. Lo sé porque llevo semanas repitiéndome exactamente el mismo razonamiento cada vez que reviso los registros del laboratorio.
Aun así, la sensación incómoda de haber abierto una puerta que no sé si podremos cerrar sigue instalada dentro de mí.
Me pongo de pie y camino alrededor de la mesa. Necesito moverme, pensar, volver a algo que pueda analizar con la cabeza fría.
—Quiero revisar los reportes del lote —digo.
Adrien me observa mientras vuelvo a sentarme frente al portátil.
—Claire…
—Si el problema está en la sustitución del absoluto de jazmín —continúo, abriendo nuevos archivos en la pantalla— entonces necesitamos ver exactamente cuándo empezó a aparecer ese proveedor en el sistema.
Empiezo a navegar entre registros mientras hablo.
—Si alguien hizo esto deliberadamente, no empezó con un lote grande. Nadie lo haría así. Empezaría con cambios pequeños, invisibles, suficientes para probar el impacto sin levantar sospechas.
Adrien se levanta de la silla y rodea la mesa para colocarse a mi lado.
—Claire.
Levanto la vista.
—Quiero que trabajes conmigo en esto.
Durante un segundo no estoy segura de haber escuchado bien.
—¿En qué sentido?
Adrien se apoya ligeramente contra la mesa, lo suficiente como para ver la pantalla.
—En el sentido exacto en que suena. Si esto es sabotaje, eres la única persona en esta empresa que lo detectó antes de que se volviera visible para todos.
Sus ojos negros se encuentran con los míos.
—Necesito que trabajes conmigo.
La frase se queda suspendida entre nosotros.
No como una orden.
Como una decisión.
—Adrien… yo ya trabajo contigo.
Él niega suavemente.
—No. Hasta ahora has sido la persona que levantó una sospecha. A partir de este momento quiero que seas la persona que me ayude a demostrarla.
No esperaba escuchar eso.
Asiento lentamente.
—De acuerdo.
Volvemos la atención a la pantalla. Empiezo a abrir registros anteriores, comparando proveedores secundarios, fechas de modificación y pequeñas variaciones de costos. Adrien toma una libreta que estaba sobre la mesa y empieza a anotar códigos de lote mientras seguimos avanzando en silencio.
Durante varios minutos la única conversación entre nosotros es técnica. Fechas, porcentajes, códigos de proveedor.
Y entonces lo veo.
No es algo evidente. De hecho, si no estuviera buscando específicamente una irregularidad, probablemente lo habría pasado por alto.
Pero ahora que lo noto, ya no puedo ignorarlo.
—Espera —murmuro.
Adrien levanta la vista de su libreta.
—¿Qué pasa?
Abro otro registro. Luego otro.
El mismo proveedor aparece de nuevo, pero no en Lumière Noire.
En otra línea.
Una secundaria.
Y luego en otra más.
Siento un pequeño escalofrío recorrerme la espalda.
—No.
Adrien se acerca un poco más para mirar la pantalla.
—Claire.
—Esto no empezó con Lumière Noire.
Se inclina sobre la mesa.
—Muéstrame.
Le señalo los registros uno por uno.
—Mira las fechas. Los cambios son pequeños. Cantidades mínimas. Nadie levanta una alerta por algo así porque parece un simple ajuste de costos.
Adrien sigue las líneas con la mirada.
—Pero si ocurre en varias fórmulas…
Asiento lentamente.
—Entonces no es un error.
Levanto la vista hacia él.
—Es un patrón.
El silencio se instala en la habitación.
Adrien permanece completamente quieto durante unos segundos, observando los datos como si estuviera reconstruyendo el mapa completo en su cabeza.
Cuando finalmente habla, su voz suena más baja.
—Entonces alguien está tocando varias fórmulas al mismo tiempo.
—Sí.
—Y si una falla, lo llaman error técnico.
—Exacto.
Adrien se incorpora lentamente.
—Pero si varias empiezan a fallar…
Termina la frase con una calma peligrosa.
—Entonces la producción europea parece inestable.
Lo miro.
—Y alguien tendrá el argumento perfecto para moverla fuera.
El nombre de Lucien no necesita pronunciarse.
Adrien vuelve a mirarme.
—Esto no es un accidente.
Niego con la cabeza.
—No.
El aire en la habitación se siente más pesado ahora.
Adrien se acerca un poco más a la mesa, lo suficiente para que la distancia entre nosotros vuelva a desaparecer casi por completo. Su presencia es intensa de una forma que todavía me cuesta procesar.
—Claire —dice finalmente.
—¿Sí?
Sus ojos permanecen fijos en los míos.
—Si alguien está intentando destruir Maison Laurent desde dentro… tendrá que pasar primero por nosotros.
La palabra nosotros resuena de una manera extraña en mi pecho.
No sé si él se da cuenta.
No sé si yo debería hacerlo.
Pero algo en la forma en que la pronuncia deja claro que, de alguna manera que ninguno de los dos planeó, esto ya no es solo su empresa.
Y tampoco es solo mi laboratorio.
Es una batalla que acabamos de empezar juntos.