Se dejó guiar por el chico que la tenía de la mano. Miró al castaño cuando se detuvo. —Paula, no me puedo ir sin antes decirte esto. —Por favor que no sea lo que insinuaste el otro día —Advirtió antes de que continuara. —¿Por qué no puedes entender que me gustas mucho?—El chico la tomó de las dos manos. Quiso rodar los ojos pero se contuvo. —Lo entiendo pero ya te dije que yo no, ¿qué quieres de una chica embarazada? —No me importa, yo puedo ser un padre para ti bebé… Retiró sus manos de las de él. —¿Qué? ¿Cómo puedes decir algo así? Por Dios, llevo un hijo de tu primo, deberías por lo menos pensar en él, pensé que tenías moral —dijo mirándolo con el ceño fruncido. —Pero él no te merece, es un patán que no se merece ni siquiera tu perdón… —No puedo creer que hables así de

