Ciudad del Vaticano Abadesa Dalila Peer Un día más finaliza y otra noche comienza, el soplo a la última vela cuya luz se extingue, deja a oscuras a estas pecadoras almas que buscan el perdón y el camino correcto en que nos quiere nuestra sagrada madre María. Mis pasos crean ecos en el pasillo que me lleva a mi despacho donde ocupo mi asiento y a su vez, puedo ver a la distancia las luces de un auto acercarse a medianoche a la Cdad. Del Vaticano, siendo unos invitados que buscan desesperados la ayuda de Dios y la Virgen. Hace dos semanas recibí la carta de un matrimonio cuyo martirio los atormentaba desde hacía un largo tiempo, por lo que accedí a auxiliar a su hija quien era una joven descarriada que había perdido el buen camino y ellos, con sus últimas esperanzas puestas en mí, rezan d

