A la mañana siguiente el mundo no parece más liviano, pero nosotros sí. Desayunamos en silencio, y no es porque haya distancia entre nosotros, sino porque la noche anterior dejó algo asentado. Sergei intentó sembrar duda. No lo logró. Y aunque sé que no va a detenerse, hay una calma distinta en la forma en que Dasha se mueve por la cocina, en cómo me mira sin esa sombra que apareció cuando mencionó lo que él le dijo. Hoy cenamos con Cairo y Olivier. La cena no tiene nada que ver con negocios. No hay informes sobre la mesa. No hay teléfonos vibrando con urgencia. No hay nombres de inversionistas ni estrategias financieras flotando en el aire. Esta vez se trata de algo más delicado. Nuestra boda. Cairo eligió un restaurante pequeño, elegante, de esos que no necesitan presumir para impone

