11.

1129 Palabras

Aryeh Mentí descaradamente y no me arrepentía de hacerlo. Le había dicho a Samara que solo podría dormir junto a ella, pero había pasado toda la noche observándola dormir. Ella siempre era tan relajada, tan imperturbable, que era divertido ver las muecas que hacía presa del sueño. Su nariz de a momentos se arrugaba, recordándome a un pequeño conejito, su ceño frunciéndose, llevándome a preguntarme qué podía perturbarla, la manera en que se acercaba a mi, buscando un poco de calor. Desearía quedarme así por mucho tiempo más, pero era en vano, fuera ya la claridad era evidente. -Deja de mirarme-dijo de golpe, deteniendo mi acción de acariciar su cabello. -¿Cómo sabes que estoy mirándote? -sonreí y volví a pasar mi mano por su cabello. -Solo adiviné. ¿Por qué no estas durmiendo? ¿Qué hor

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