Ella me lanza una mirada fulminante. —¿Fin del problema? ¿Sabes que si el club se entera, podría interpretarse como encubrimiento o manipulación mediática? —Arizona —interrumpo, levantando una mano—, ya está hecho. Y la chica no era una desconocida. No dice nada, pero su ceja arqueada habla por ella. —Ah, ya veo —responde, dejando caer los brazos con lentitud—. Entonces es personal. Muerdo el interior de mi mejilla. No quiero hablar de Rose. No con ella y, por supuesto, no aquí. —¿Viniste solo a reñirme? —preguntó, en cambio. —También a recordarte que no has confirmado tu asistencia al torneo de golf y al baile benéfico —dice, sacando su teléfono y revisando algo en pantalla—. Es en diez días y necesito tu confirmación hoy antes de que tomes carretera. —No voy a ir. —Oh, si vas a

