—Claro que no —respondo sin pensarlo—. Eres más que bienvenido. Caminamos juntos hacia la sala. Su mirada recorre el lugar con una mezcla de apreciación y curiosidad. El departamento que comparto con Ámbar no es lujoso. Sí, está en una zona muy segura y buena, pero el interior es más acogedor que lujosa. Además, ambas pasamos mucho tiempo trabajando y cuando llegamos queremos el confort de algo más hogareño que un departamento para impresionar. Así que, evidentemente, es un contraste con el espacio que se, mi hermano, tiene en Miami. —Hace mucho que no venía —comenta en tono ausente. Tiene razón. Desde que se graduó, Stefan se ha convertido en la mano derecha perfecta de nuestro padre, Alessandro Caruso, el hombre al que todos respetan y admiraban por igual. Stefan se adaptó a ese mund

