Le dedico una sonrisa socarrona, una de esas sonrisas que solo un Caruso puede dar. —Sí. El mismo que te abrió la puerta en mi apartamento mientras yo estaba… bien, intentando llegar a tiempo a mi turno en el hospital. Stefan es un exhibicionista de primera. Está en mi departamento por un par de días debido a este evento al que me ha arrastrado. Eric asiente, todavía procesando, y por primera vez en mucho tiempo veo su expresión suavizarse. —Supongo que debería disculparme otra vez —dice finalmente. —Puedes empezar por dejar de hacer suposiciones absurdas —replicó, ahora divertida. Su sonrisa aparece, entonces, ladeada y peligrosa. —No lo sé, Rose. Últimamente, parece que lo nuestro está lleno de malentendidos. —¿Lo nuestro? —preguntó, arqueando una ceja. —Sí —dice, dando un paso h

