CAPÍTULO 38-1

928 Palabras

No debería estar despierta. Debería estar dormida aprovechando esta calma rara que a veces se cuela en los pasillos del hospital, como una tregua temporal que solo dura lo justo para que alguien se confíe. Pero no puedo. Estoy acostada boca arriba en una de las habitaciones de descanso, con el cuerpo exhausto y la mente completamente despierta, como si la fatiga y el insomnio fueran dos enemigos que decidieron pelearse dentro de mí. Agarro mi móvil, más por costumbre que por necesidad. Abro la aplicación de noticias sin pensar, y lo primero que me golpea es el titular: “Los Rays suman su tercera derrota consecutiva.” Hago una mueca inmediata. Conozco a Eric. Puedo imaginar su humor, esa nube oscura que se le instala encima cuando las cosas salen mal, la mandíbula tensa, el ceño fruncido,

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