CAPÍTULO 50-1

928 Palabras

La realidad regresa con un dolor sordo y punzante en la base de mi cráneo. Es un ritmo constante, que anuncia sin lugar a dudas lo que ya sé como médico. Tengo una contusión. La luz fluorescente sobre mí es demasiado brillante y agresiva, forzándome a mantener los ojos entrecerrados. —Rose, ¿puedes seguir la luz? La voz es familiar. Abro los ojos un poco más y veo el rostro preocupado de Daniel, uno de mis colegas del turno de Urgencias. Me siento doblemente humillada. Paciente y colega, fallando en ambos roles. —Claro que puedo, Daniel. Y no me llames "Rose", llámame "Doctora Caruso" si quieres ser profesional —digo, aunque el esfuerzo de hablar envía ondas de dolor a través de mi frente. Daniel ignora la broma, demasiado suave y pálida para ser graciosa. Me hace seguir la linterna. M

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