CAPÍTULO 31

1384 Palabras

Cuando por fin termino mi turno, siento ese agotamiento familiar que se instala en los músculos después de horas corriendo de un lado a otro. Me quito la bata y la cuelgo en mi casillero, todavía pensando en la escena con Drake y en el tío Massimo apareciendo como un vendaval siciliano dispuesto a arrancarle la cabeza. Sonrío sola al recordar su amenaza, porque solo él puede decir algo tan brutal con tono de conversación casual. Meto mis cosas en mi bolso, me echo un poco de perfume para no oler a hospital y salgo de la sala de cambiadores, acomodándome el cabello en una forma más decente. Estoy a punto de enviarle un mensaje a Massimo para avisarle que ya baja cuando mi teléfono vibra entre mis manos. Eric: Estoy afuera esperándote. El corazón me da un brinco inmediato, como si hubiera

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