Sara - ¡Para! (grité justo cuando sus labios estaban a menos de un centímetro de los míos) El intento de Pablo por recrear la escena del día que nos hicimos novios cuando yo era una adolescente ilusa y capaz de creer cualquier cosa bonita que me decían, no llegó a buen puerto. A pesar de que por un instante me dejé llevar por el momento y el lugar, y de que como aquel día ladeé la cabeza para disfrutar de las caricias que me daba en la mejilla con su mano derecha mientras cerraba los ojos, al abrirlos no fue a él a quién vi frente a mí acercándose para besarme. Pablo era físicamente similar a Andrés. No era tan alto, pues con suerte mediría diez centímetros menos, pero su cabello también era marrón oscuro y sus ojos eran azules. Por eso Marta siempre me hacía la broma de que “mi asist

