Andrés Me sentía el hombre más feliz del mundo. Después de más de una década de amarla en silencio, de que no supiera que yo existía y de haber sufrido viendo como quien decía ser mi amigo la engañaba, la tenía entre mis brazos aceptando casarse conmigo. ¡Realmente creía que estaba soñando! Y si era así, no quería despertar pero si lo era, quería despertar a su lado cada día, del resto de mi vida. Por fin, todas las mentiras que había dicho desde antes de estar en ese mismo lugar con ella y hasta por fin lograr ser visible para ella, habían valido la pena. Pero yo todavía no podía creerlo… Me iba a casar con la princesa más hermosa del mundo, que ahora mismo estaba fundida en mi pecho llorando emocionada después de lo que había sido ese momento tan especial para nosotros, en ese luga

