Días después llegó el día que habíamos estado esperando por muchísimo tiempo. Andrés estaba algo nervioso, y yo también, aunque trataba de disimularlo justificándome en la alegría que sentía de que por fin se hubiera decidido a terminar la carrera que había dejado trunca. Y no se trataba de la carrera en sí, que obviamente me hacía muy feliz que hubiese estudiado lo mismo que yo… sino porque me generaba cierto sabor amargo saber que solo le había faltado media carrera cuando abandonó y que, para haberla comenzado solamente para poder estar cerca mio, le había puesto bastante empeño. Además, los dos sabíamos que le iba a poder sacar muchísimo rédito a ese título, pues sumado a la licenciatura en Administración de Empresas que ya poseía, y a sus ganas extremas de superarse día a día iba

