Jessica. Mis palabras lo abofetean con dureza. Sin poder evitarlo, se queda callado y su cuerpo parece vencerse porque cae de culo contra el suelo. Parpadea, más para si mismo que otra cosa y hago todo mi esfuerzo en cubrir los centímetros que hay entre ambos para amortiguar su dolor, como haríamos siempre. Como hemos hecho siempre. Pero antes de llegar allí, alguien me clava una aguja en la vena del brazo derecho. Abro los ojos como platos de nuevo y me sobresalto en el sitio. Una enfermera me está reteniendo. En cuanto se da cuenta que la estoy viendo, me sonríe a medias con dulzura y acaricia el punto donde estuvo la aguja. —Es solo un relajante, estarás mejor en unas horas—asegura con la voz suave. No digo nada, el liquido parece recorrer mis venas a una velocidad aluc

