En cuanto la puerta se cierra detrás de mi, suelto todo el aire acumulado. Sacudo la cabeza y cierro los ojos con fuerza. Idiota, idiota, idiota. Joder, que no puede estar sucediendo esto. Mis extremidades tiemblan de pies a cabeza. ¿Y si abre la boca?¿Y si dice algo de lo que pasó? No. Eso no podría pasar. Él no es así... Me separo de la puerta de mala gana y apoyo mis caderas contra la vajilla. Llevo una mano a mi frente, intentando dar pequeños masajes. Siento de nuevo la punzada dolorosa en la parte de la herida, recordándome que esto no va a terminar. —¡Maldición!—murmuro. Unos suaves golpes me sacan de mis cavilaciones. Me pongo rígida. Y al abrirse, compruebo que la que está del otro lado es Chiara. Me da una sonrisa culpable antes de entrar por completo a la cocina

