Loan. —Cariño, relájate. Mi prometida parece no escucharme. Sigue caminando de un lado a otro, mordiendo sus uñas en un impulso nervioso, mientras con su otra mano libre sostiene el móvil contra la oreja. Espera unos segundos y luego vuelve a bufar. Creo que es la cuarta vez en diez minutos que lo hace. —Jess...—vuelvo a insistir. Ella ahora capta mi voz. Me mira a los ojos. En ellos centella la preocupación. —No responde. Nadie responde—sacude el aparato frente a mis narices con urgencia. Suspira y se pasa una mano por la frente—Ya ha pasado más de una hora, Loan. Y no sé donde demonios está, ni con quién, ni como carajos fue a parar a Boston. Voy a asesinarla. Me levanto de la silla y me aproximo hacía donde está. La tomo por los hombros en un intento inútil de darle seguri

