Cuando bajo a la recepción y salgo a la calle, noto que Carl no está parado esperando por mi llegada ni la camioneta que usan habitualmente para transportarse. Sino que ahora una figura imponente y atractiva, la misma que provoca que tenga que tomar una respiración honda, está parada delante de un coche n***o que conozco bien. Es el mismo que usó aquella noche de bar para traerme a casa. Su mirada se encuentra con la mía. La veo brillar. Le doy una sonrisa ladina mientras me acerco. —Hola, Ken—digo con burles. Él sonríe y rueda los ojos. Antes de responder, sus ojos miran con descaro mi atuendo. Mi cuerpo. Y siento que tiemblo algo nerviosa. Recorre lentamente toda mi figura, deteniéndose unos minutos en mis piernas descubiertas. Se moja los labios en un acto inconsciente y yo tengo

