Nunca había querido tanto algo como ahora. Es una necesidad imperiosa, que revuelve todo mi organismo y hace que me sienta pequeña e indefensa, pero me importa un carajo sentirlo así, porque algo me dice que con él está bien. Se siente bien. Se siente lo correcto. No puedo pensar en otra cosa que no sea imaginar sus labios sobre los míos, que se mojan cuando sus ojos recaen en ellos y su cuerpo vuelve a tensarse. Se está conteniendo y yo soy toda una bola de nervios y hormonas juntas. Quiero que deje la distancia, que lo haga, joder, ya nada me importa más que nosotros ahora. Pego mi cuerpo aún más al suyo, lo escucho suspirar y sé que siente lo mismo que yo. Él tampoco podrá controlarse mucho más tiempo... Pega su frente con la mía. Cierro los ojos ante el contacto. —Sam, si no te

