CAPÍTULO 56.

1418 Palabras

El sonido del ascensor es un golpe seco que me sacude, aunque no me sorprende. Todo hoy se siente así; brusco, violento, sin avisos. Mis pasos retumban en el piso de mármol cuando cruzo el pasillo del bufete. Cada eco es una pequeña confirmación de que sigo aquí, en esta realidad que me parece ajena. Respiro hondo, tratando de aferrarme a la rutina, a los muros que conozco, a los rostros que no me exigen explicaciones. El aire en la oficina huele a papel, café y desinfectante, como siempre. Sin embargo, todo me parece más pesado, más denso, como si la atmósfera se hubiera aliado con mis hombros para recordarme la carga que llevo. Los noto rígidos, tensos, como si colgaran de ellos sacos de arena invisible. Siento la tirantez en el cuello, la punzada que sube hasta la base del cráneo. Me o

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