POV. NICOLÓ. Atravieso el vestíbulo, sintiendo aún la rabia e impotencia después de dejar el juzgado de hablar con Raven… después de escuchar los nuevos resultados. Subo al elevador y mi cara hace que más de uno retroceda cuando va a entrar a compartir espacio conmigo. Subo hasta el piso superior y camino hacia mi oficina sin mirar a nadie. No me detengo a devolver saludos, ni a atender las miradas curiosas de algunos empleados que, seguramente, ya no les parece raro mi estado de ánimo. La rabia se ha vuelto un compañero que se aferra y no me suelta. Además, hoy no tengo ganas de fingir compostura, pero la máscara está tan arraigada que mi rostro se mantiene frío, impenetrable. Por dentro, en cambio, todo es un caos. Doblo en el pasillo que lleva a mi puerta y ahí está Franco esperando.

