—Lo mismo, Beatriz. Espero que te sientas cómoda y bienvenida a la empresa. —Nicoló me mira manteniendo una postura relajada. —Bien, me voy a la terapia. Nos vemos esta tarde en la villa. —Hasta esta tarde —me inclino y dejo un beso rápido en sus labios y él sale de mi oficina cerrando detrás. Una vez a solas, señalo la silla frente a mi escritorio—. Siéntate, Beatriz, que me estás preocupando. —Me mofó. — ¿Dónde está mi alegre amiga? —¡Joder! —Susurra mientras lo hace. —Está mejor en persona que en la prensa —dice y me rio porque ahí está mi amiga. —Aunque está en esa silla, puedo ver que es lo que te gusta de él. —Créeme cuando te digo que no lo has visto —le guiño con descaro y ella abre la boca. —¿Me estás diciendo que aun en la silla puede mantener erguido el mástil? —Lanzo una ca

