CAPÍTULO 36.-1

879 Palabras

El auto se desliza por la autopista con la suavidad de una caricia. Siento el murmullo constante de los neumáticos sobre el asfalto como un arrullo distante. El cielo comienza a abrirse frente a nosotros, y las señales ya anuncian la cercanía de Roma. Me estiro un poco en el asiento trasero mientras Emilio duerme en su sillita, sus labios entreabiertos y una de sus manitas sujetando mi pulgar. Giuseppe va al volante, concentrado, con esa seriedad tranquila que lo caracteriza. Nicoló, a mi lado, ha estado en silencio durante los últimos quince minutos, mirando por la ventana con la mandíbula apretada. —¿Estás bien? —le pregunto en voz baja, cuidando de no despertar a Emilio. Él gira la cabeza lentamente hacia mí, sus ojos oscuros llenos de sombras que todavía no puedo leer del todo. —Sí,

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR