Sacudo la cabeza y suelto una risa nerviosa. Espabilo porque esto es importante. Esto es ahora. Camino hacia ellos y les indico el rincón donde irá el sofá, justo frente a la ventana. Me gusta cómo la luz se derrama sobre ese punto en la tarde. Es como si el sol también quisiera quedarse conmigo. Mientras los observo maniobrar, respiro hondo otra vez. Siento que todo se acomoda poco a poco, no solo los muebles, sino yo misma. Como si mi vida, después de tanto caos, por fin estuviera encontrando su lugar. Porque, aunque el corazón esté golpeado, sé que estoy exactamente donde debo estar. La mañana siguiente respiro hondo mientras el ascensor asciende, sintiendo cómo cada metro que sube me aleja un poco más de lo que fui, de lo que dejé atrás. Mis manos, firmes por fuera, tiemblan por dent

