Ojeo la carta viendo lo más caro que hay. Ya que me invitaba a comer, iba a hacerlo bien. Arrugo mi nariz y levanto la vista porque me está mirando y es un poco incómodo. Levanto la carta tapando todo mi rostro y escucho una risita de su parte. ¿Qué le hacía tanta gracia? Habíamos pedido de beber vino, por supuesto. Jared se había mostrado conforme y yo había sonreído satisfecha para después mirar la carta. — Voy a pedir lo más caro de la carta —le informo—¸ ¿traes dinero suficiente? Bajo la carta hasta que solo se ven mis ojos y él sonríe abiertamente. Su postura denota confianza, como si lo tuviese todo controlado. Está apoyado en el respaldar de la silla y me mira, no deja de mirarme. — Pide lo que quieras. — Lo que quiera —murmuro mirando de nuevo la carta. El camarero llega con

