Grace Anderson Se suponía que el sábado no tenía que trabajar, pero una llamada de Adrien hizo que maldijera desde el momento en el que colgué el teléfono hasta que llegué a la galería en mis altos tacones porque tenía que ir muy presentable, ya que teníamos una inauguración de una colección de cuadros muy importante de la que no estaba informada porque "son cosas que no tienes por qué saber, pero necesitamos ayuda". Maldito Adrien. Pongo bien mi pelo e ignoro el hecho de que es mi cumpleaños y nadie me ha felicitado. No era de celebrarlo porque para mí, era un día más, no era especial. Había quedado con Jared para vernos después pero le había enviado un mensaje diciéndole que no sabía a la hora que iba a terminar todo. Abro las puertas y saludo a Emma, que está en recepción. Me indi

