El alcalde se encontraba dando su conferencia de prensa, lo más rápido posible para poder hablarle a su primo, Raymond Golden, el director del hospital y poder ayudar a su buen amigo Michael, en quien confiaba plenamente. Sin embargo, la prensa tenía muchas preguntas que hacerle, lo que le llevó más tiempo al alcalde del que tenía planeado. Mientras el alcalde respondía, veía una y otra vez su lujoso reloj, con el fin de recordarse que debía darse prisa. —... Por esa misma razón, les reiteró que me encuentro en perfecto estado de salud, y que no hay razón para que se preocupen... —insistía en alcalde. —Pero, Mr. Golden... ¿No le gustaría pedir una segunda opinión? La gente está muy preocupada por usted... —dijo un reportero. —No hay de qué preocuparse... Todos los Golden gozamos de

