Punto de vista de Alexa Las manos de Ethan estaban entrelazadas con las mías cuando salimos del restaurante. Nos dirigimos al coche y él me abrió la puerta para que entrara. Le dediqué una sonrisa de agradecimiento y entré en el coche; él cerró la puerta. Se dirigió al asiento del conductor, entró y cerró la puerta de golpe. —¿Disfrutaste del almuerzo? —preguntó, sonriéndome con dulzura. Asentí y le devolví la sonrisa. “Sí, lo hice. Gracias”, respondí. —No —negó con la cabeza—. Gracias, Alexa. Por volver. Por perdonarme —dijo, con lágrimas brillando en sus ojos—. Sé que la cagué y probablemente me odias ahora mismo... Negué con la cabeza y levanté una mano para que se callara. —No te odio, Ethan —le dije con un suspiro—. Si te odiara, no estaría en este coche contigo, ¿de acuerdo? No

