Capítulo 9

1105 Palabras
Rafael La forma en que Luca hablaba de María era una cosa, pero… Apreté los dientes, hirviendo por dentro. ¿Por qué se atrevía a tocar a Laia de esa manera? ¿Quién se creía que era? —Encuentro divertidas tus palabras, doctor Luca, considerando que has sobrepasado tus límites —dije, y mis palabras resonaron en el pasillo. Todos guardaron silencio y el doctor Luca pareció levemente confundido, frunciendo el ceño ante mis palabras, aunque siguió visiblemente tenso. —Yo… Perdóneme, Alfa Rafael, pero considero que sus afirmaciones son erróneas. La dama María vino a causar problemas. Estoy en mi derecho de defender a la doctora Natalia —respondió el doctor Luca. Seguramente estaba haciéndose el tonto en ese momento. A su lado, Laia me miró de reojo, aparentemente indiferente. Pero había un fuego en sus ojos, uno reservado solo para mí. Estaba lleno de ira, de odio. Mi corazón se apretó de forma incómoda. —¿De verdad? —espeté—. María ha hecho algo malo, pero no creas que tus motivaciones son puras. En tan poco tiempo ya has dejado que una mujer te afecte. El doctor Luca se quedó rígido al oír mis palabras. Los labios de Laiase entreabrieron, horrorizada, con las mejillas sonrojadas. Eso me enfureció aún más. —Alfa Rafael… —estaba a punto de hablar, con la voz cargada de filo, pero Luca la interrumpió, colocando una mano en su hombro sin decir palabra. Ella guardó silencio, en una muestra callada de obediencia. Maldición, siseé internamente. La garra que apretaba mi corazón se intensificó con oleadas de dolor sordo. —Lo siento, Alfa Rafael —dijo Luca—. Pero Talia no merece ser tratada así. Ni por la dama María ni por nadie más en la manada. Había un silencioso “ni siquiera usted” que estaba seguro de que no era el único en oírlo. Estaba claro: Luca se había acercado demasiado a Laia en muy poco tiempo. Tan cerca que podrían ser amantes en un futuro próximo. ‘No’, pensé. Tenía que encontrar una forma antes de que eso ocurriera, de sacar a Laia de esta clínica. De hacer que volviera a mí. —Tú la defiendes —de repente se burló María, dando un paso adelante y levantando una mano para apuntar con un dedo hacia Luca. —No eres más que un advenedizo. ¡Acabas de llegar a la manada y ahora pretendes dictar lo que los demás deben hacer! Perdí los estribos. María, otra vez. Qué maldita muestra de desafío era esta. Solo la hacía parecer una tonta, desesperada y patética. —¡María! ¡He dicho basta! —gruñí, haciendo temblar las paredes con mi furia. No pretendía que mis palabras salieran con tanto veneno, pero solo ver a Laia y a Luca juntos, la idea me hacía querer arremeter. Lástima que María fuera, sin querer, el blanco de mi ira. María parpadeó, con los ojos vidriosos y llenos de lágrimas contenidas. En un instante pasó de feroz a una imagen patética, frágil como siempre. Otra actuación, pensé rodando los ojos internamente. —Rafael —gimoteó, pero no estaba dispuesto a escucharla. No solo se me había agotado la paciencia, sino que poco a poco me estaba dejando vencer por el dolor que recorría mi pecho, irradiando hacia mi abdomen y mi espalda, e incluso haciendo que la nuca me latiera con un dolor sordo. —Basta. No quiero oírlo. Ya has hecho suficiente —la detuve con una mano alzada, apenas manteniendo la voz en un volumen controlado. —Vete. Ahora. Ella apretó los labios, lanzando una mirada de odio inconfundible hacia Laia que me hizo tensarme, antes de girarse y marcharse furiosa. Sus tacones resonaron en el suelo, agudos y punzantes en mis oídos, empeorando mi ya terrible dolor de cabeza. La puerta de la clínica se cerró de golpe. Lentamente, el doctor Luca exhaló, asintiendo. Aunque había alivio en sus ojos, Laia solo me miró fijamente. Su mirada era penetrante, tanto que apenas podía entender por qué. —Laia —mis palabras salieron de mis labios antes de que pudiera controlarlas. Aún me tambaleaba por las oleadas de dolor que retorcían mis entrañas y me obligaban a forzar una expresión estoica en el rostro. —Este incidente no es solo culpa de ella. —¿Ah? —siguió una risa. Miró a Luca, como para enfatizar el punto, y luego volvió a mí. —¿Crees que yo también tengo la culpa? ¿Viste cómo actuó ella, Alfa Rafael? —María tiene sus problemas, siempre los ha tenido —insistí—. Pero podrías ser más comprensiva con ella. No la provoques de nuevo. —Solo tuve la desgracia de encontrármela porque me asignaron a esta manada, Alfa Rafael. ¿Eso también es mi culpa? —rio, con el rostro iluminado por una burla teñida de lástima. No pude evitar mirarla fijamente. ¿Había sido así antes? ¿Cuándo se había vuelto tan… rígida? ¿Tan indiferente? El pensamiento me envió oleadas de arrepentimiento que no podía expresar. Era un Alfa, y no iba a dejarme pisotear por sus caprichos. —Bien. Di lo que quieras. Pero sus acciones también se reflejan en las tuyas —declaré simplemente—. Tenlo en cuenta la próxima vez. —Mientras María se mantenga alejada de mí, Alfa Rafael, yo me mantendré alejada de su drama. No tengo ningún deseo de volver a verla, mucho menos de hablarle. Cualquier culpa que yo tenga para que la dama María actúe así, no la conozco. Pero no dejaré que nadie me intimide. Tengo tanto derecho a estar aquí como cualquiera —su pecho se agitó mientras escupía esas últimas palabras, rozando la grosería. Mi pecho doloría, pero de alguna forma solo hizo que mis labios se curvaran hacia arriba. Era terrible cuánto me había acostumbrado a semejante agonía. Solo estaba actuando así temporalmente, pensé. Una vez que encontrara la forma de obligarla a volver a mi lado, regresaría a ser la mujer que yo conocía. Con ese pensamiento, aparté la mirada y salí caminando, sin detenerme hasta llegar a mi dormitorio. En cuanto cerré la puerta y la aseguré, fue como si un puño me golpeara en el estómago. Gemí, tambaleante, antes de derrumbarme en el suelo, tosiendo. Saboreé algo metálico y cálido en la lengua, y al mirar hacia abajo, vi salpicaduras de sangre manchando el piso. Cerré los ojos. Si tan solo pudiera meter la mano en mi pecho y arrancarme el corazón, arrancar los restos de este vínculo de compañeros, para asegurarme de poder recuperarme de esto.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR