Rafael Me escondí en mi estudio. Debo admitir que fue porque de alguna forma había complicado las cosas. El dolor se disipó con el tiempo, pero los pensamientos no menguaron. Sentía que me ahogaba, y lo odiaba. Odiaba el hecho de que ella pudiera hacerme esto. Me senté detrás de mi escritorio, respirando y doliéndome y pensando en los remordimientos que agitaban mi corazón. Pero todo fue en vano. El estudio estaba en silencio y tuve que obligarme a mirar los papeles, con las emociones arremolinadas. El trabajo era más fácil de manejar que mi vida personal ahora mismo y por eso me enfoqué. Dejé que las olas de emoción turbulenta se desvanecieran en entumecimiento, y continué leyendo informes, redactando cartas y trazando estrategias sobre asuntos internos y externos del c
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