—Bueno, de todas formas estás aquí conmigo y luego… es mejor que yo… y tú si sientes ganas, pues… nos ayudemos con eso —Katrina asiente vehementemente a pesar de lo poco congruente de lo dicho por Ragnar. Ni él mismo sabe qué exactamente quería decir. Él le ofrece su mano y Katrina acepta para ir hasta sus piernas. Es ella quien lo besa ahora apasionadamente. Ninguno está seguro de que sea lo correcto volver a hacerlo después de lo de anoche, y en la mansión, a la vista de todos, pero lo que Ragnar no sabe es que esta vez, Katrina tiene otra idea en mente. Ragnar no deja de jadear cuando ella desabrocha su pantalón y libera su pene. Con sus manos empieza a sobar suavemente hasta que lo siente duro como una roca. Esta no es la misma Katrina cohibida de ayer, es como si una diosa de la