Ariana —Ariana, nena, ¿cómo quieres que te explique si no me dejas entrar? —la dura voz de Alex llegó a mí a través de la puerta, donde estaba apoyada. La mató. El. La. Mató. Alex llevaba media hablándome a través de la puerta, pidiéndome que lo dejara pasar y yo llevaba exactamente ese mismo tiempo, ignorándolo con éxito. Bueno, no lo llamaría éxito, pero estaba lográndolo que era lo mismo… o casi. —¡Tienes que dejar que me explique! No lo sabes todo, no te he dicho todo. ¡Escúchame por favor, Ariana! Te estoy rogando —escuché su voz, ahora desesperada. Su palabra solo me enfurecieron. —¡Ese es el maldito problema, Alex! —me levanté y grité con toda la ira que tenía acumulada—. Siempre dices que me vas a decir todo y me das pedazo ibas pedazos. ¡No eres un maldito rompecabezas! —

