Encontré a Ariana sentada delante del espejo del tocador, con la mirada perdida. La pobre había tenido qué asimilar muchas cosas y me admiraba de su entereza, pero me preocupaba y me sorprendía que aún siguiera a mi lado. —Nena —la llamé, pero ni siquiera me prestó atención. Esta noche se enfrentaría a una cena en casa con mi familia y otros amigos, me había confesado que estaba nerviosa, las cosas con ellos no habían empezado bien y sabía que estaba aprensiva por eso, pero estaba seguro de que mis padres se comportarían. Tenían que hacerlo, o les quitaría el habla de por vida. Todo era mucho para similar y entendía que estaba abrumada. Me gustaría raptarla y llevarla lejos de todo; de mi familia, de sus dudas, de mí pasado, de todo. Ariana estaba sumida en un debate interno. —Nen

