Durante el entrenamiento, Katherine estuvo distraída. Su mente vagaba lejos del patio, de los gritos de Garen y del sonido de las armas chocando. Aquella falta de concentración no pasó desapercibida, y al final el castigo no tardó en llegar. Garen la hizo correr hasta que las piernas le temblaron y los pulmones le ardieron. Desde que había hablado con Asiel, las preguntas sobre su futuro comenzaron a perseguirla sin descanso. Desde que había escapado de aquel calabozo, su vida se había reducido a dos cosas: sobrevivir y fortalecerse. Había deseado venganza con cada latido de su corazón, pero sabía que no sería fácil. Su tío era el rey de Algratown, y llegar hasta él era poco menos que imposible. Cuando por fin terminó el castigo, Katherine cayó de espaldas sobre el suelo de tierra, co

