«Qué actuación tan ridícula». Aurora y Verónica contienen una risa venenosa detrás de sus manos enjoyadas. Por supuesto. Esto es un espectáculo para ellas. Abro la boca para soltarle a Abigail la verdad que se merece cuando una voz grave, cálida y firme interrumpe el pequeño circo. —Ivanna. Me quedo quieta cuando lo escucho. Mi padre. Me giro a tiempo de verlo avanzar entre la multitud como si estuviera cortando un mar de tiburones. Lleva un traje gris oscuro, sobrio, perfectamente planchado. Su porte imponente hace que Aurora y Verónica se endurezcan como estatuas, y Abigail palidezca un segundo. Él ignora a las tres. Me mira solo a mí. Y su mano se posa firme en mi hombro, como un recordatorio de quién soy. ¿Pero de qué sirve ahora? ¿Qué pretende? Lo miro con desconfianza. Él

