Yo busco el papel donde anoté este cambio y otras mejoras antes de salir. Se lo entrego, él lo toma y lo analiza por unos segundos. Cuando levanta la mirada, se queda mirándome por más tiempo del que debería. Cierra la carpeta y se acomoda. —Haz la propuesta formal con estos cambios. ¿Crees que puedas? Su pregunta provoca una sacudida eléctrica en mi cuerpo. —Para esta noche —continúa Milo, ajeno a la revolución de emociones que hay en mi interior—. Y prepara los visuales nuevos, si todo sale bien, los llevamos al comité antes del viernes. Asiento con calma, pero por dentro algo se enciende. No por la orden que me da o por el hecho de que está escuchándome y tomando en cuenta mi opinión, es por el reconocimiento que me hace con esa petición. Milo vuelve a mirar por la ventana, pero

