Ivanna me abraza por la cintura e inclina su cabeza hacia atrás para verme a los ojos. Mis manos van a su cara, acuno sus mejillas y dejo un beso corto en sus labios. No puedo aceptar esto. Yo velo por ella. Es mi responsabilidad. No puedo darle esta carga. —Es mucho dinero, Ivy. ¿Y si no funciona? ¿Y si invertimos en algo que no podamos recuperar? Estaba siendo la mar de pesimista, pero quería asustarla un poco para que viera los riesgos. Pero ella se encoge de hombros y vuelve a mirarme de esa manera que me enloquece. —Es lo que se necesita para empezar. No le veo el problema. Y no tengo miedo. Confío en ti. Cerca de quince minutos pasan conmigo tratando de desviar el tema, de negarme, pero si algo califica a Ivanna es su persistencia. Termino suspirando. —Te lo voy a devolver

