La puerta de mi oficina se abre y Dana, mi asistente, aparece en el relleno. —La persona que estás esperando acaba de llegar. Cierro mi portátil. —Gracias, Dana. Hazla pasar. Esta asiente antes de retirarse. Segundos después, Florencia entra a mi oficina. Se le ve algo nerviosa, pero su postura rígida no claudica, sin embargo, sus ojos la delatan. En la comida de hace unos días en la casa de mis padres me di cuenta en realidad que Florencia es una mujer dulce, pero que mantiene una postura rígida como mecanismo de defensa. Eso y sus respuestas rápidas. Luca fue víctima de eso y al hombre le irrito. Al parecer, mi despreocupado hermano se ha topado con la horma de su zapato. —Hola, Florencia. —Hola —dice mirando alrededor. —Linda —Gracias, pero siéntate. —Pensé que nos iríamos

