Marco
—Creí que volveríamos a casa. –señala Khatia observando el menú.
—No iba a dejar que ese imbecil arruinara nuestra noche. No después de que estás aquí por tu voluntad conmigo y no obligadamente como estos últimos días. –señalo y puedo ver sus ojos fijarse en mi con sorpresa.
—Tampoco es como si fuese una tortura, Marco. Lo haces ver tan dramático.
—Sabes que es mi punto fuerte. –señalo y ella ríe–, lamento si soné algo idiota con ese...vómito de renacuajo.
—Solo defendíste mi honor. –señala ella como si no fuese gran cosa.
—Defendí a mi mujer. –aseguro y veo sus mejillas ponerse rojas–, no voy a permitir que nadie hable de ti.
—Gracias por eso, realmente no quería llegar a tanto, pero veo que no has perdido el toque. A pesar de lo blandengue que te ves. –confiesa y aguanta la risa cuando seguramente ve mi expresión bastante ofendida.
—¿Blandengue? Oh por dios, ¿Hablas en serio? Dime qué bromeas, si bajé algo de peso pero sigo siendo una máquina sensual de músculos y fuerza. Mira esto. –señalo mi bíceps–, duro como una roca.
—He visto mejores, más grandes, casi podría morderlos como una manzana. –dice sin mirarme–, voy a pedir el spaghetti a la Diavola, tengo ganas de algo picante. –señala y me mira por encima de la carta del menú.
—¿Por qué estás pensando en comida?
—¿Por qué estoy en un restaurante? ¿En qué piensas tú?
—¡En lo herido que me acabas de dejar!
—¿Herido? ¿Qué fue lo que dije?
—¿Quién es?
—¿Quién es quién?
—El hombre de bíceps de manzana comestibles.
Khatia se echa a reír y yo me siento tonto, el mesero se acerca con el vino y mi rusa felizmente lo prueba y le da el visto bueno, yo ni siquiera tengo hambre ya.
—¿Listos para ordenar? –cuestiona el mesero y Khatia asiente.
—Vamos a querer spaghetti a la Diavola, ravioles de espinacas y ricotta, también Ñoquis de patata con salsa bechamel por favor. Y por supuesto, Bistecca alla Fiorentina para mí hombre.
El mesero se aleja y yo le doy vueltas a esa última frase. ¿Su hombre? ¿Yo soy su hombre? ¡Pero claro que lo soy! ¿Verdad?
—Cuando dijiste "mi hombre" ¿Te referías a mi?
Khatia parpadea un par de veces antes de llevarse un trozo de pan con pesto a la boca.
—Ajá, el mesero es demasiado lindo para mí, ya sabes, sería más como para Johnny. –asegura.
—¿Por qué dijiste eso?
—¿Qué cosa?
—¡Qué soy tu hombre!
—Para que olvidaras lo otro. –dice y bebe un poco de vino antes de ofrecerme.
—¿Qué es lo otro?
—Y si funcionó. –dice y sonríe tan dulcemente como no la había visto en todo este tiempo–. ¿Estuvo bien lo que pedí?
—Sabes que todo eso es mi comida favorita. Pero lo es más compartirla contigo.
—Hay cosas que no se olvidan tan rápido. –dice y sé que se refiere a los gustos que ambos compartimos, cosas que solo nosotros sabemos del otro.
—Eres tan perfecta, mi rusa bonita.
—Lo sé, italiano, lo sé.
La comida llega y yo disfruto de la delicia que es tenerla a ella frente a mi, con un vestido rojo que me hace recordar tantas cosas, su risa me da años de vida, su aroma me abraza hasta la fibra más rota de mi alma.
La amo con el corazón y con todo lo que soy, incluso con esas partes oscuras de mi ser.
***
—Apenas puedo creer que hayan tenido tan mala suerte de encontrarse con ese tonto. –señala mi hermana por teléfono.
—Lo sé, fue muy grosero con Khatia.
—Pero es obvio que su hombre la defendió de eso. –se burla.
—Ash, no debí contarte eso, si te vas a poner así de tonta ya no te diré nada.
—No seas amargado Marco, solo me emociona que ella...
—No lo digas por favor, no quiero crear falsas esperanzas. Adoraría la idea de mi y Khatia juntos de nuevo, pero no puedo obligarla, no lo hice cuando todo comenzó y no lo haré ahora.
—Tienes razón, aunque, sabes que siempre amaremos la idea de ustedes juntos.
—Lo se Nicolette, lo sé. Debo colgar, mañana hay mucho que hacer.
—Te veré mañana, tonto.
—Te veré mañana, boba. –cuelgo la llamada y me concentro en quitarme la camisa para revisar mi herida, Khatia cosió la puntada que se abrió, aunque no era necesario ya.
Mis ojos viajan a mi reflejo en el espejo, he perdido peso si, mi cuerpo no es igual al de antes, pero no me veo tan mal. Comienzo a hacer poses raras resaltando mis músculos, toco mis biceps, son duros al igual que mi abdomen, sigo siendo sexy.
Una risita burlona me interrumpe y yo me siento avergonzado y expuesto al ver a Khatia observarme desde el marco de la puerta.
Lleva una camisa de manga larga y cubre justo por encima de sus rodillas, se ve endemoniadamente sexy.
—¿Se puede saber qué haces? –cuestiona y se acerca a revisar mi herida, yo tiemblo cuando se pone de rodillas frente a mi.
—Manten tus pensamientos lejos del fuego, Bianchi.
—Que crueldad, sabes que es imposible hacer eso cuando tengo a la mujer más sexy del mundo de rodillas. Qué por cierto, acabo de descubrir tu secreto.
—No sé de qué me hablas, –se levanta y quedamos el uno frente al otro–, no tengo secretos.
—Hablo sobre la manzana.
—¿Qué hay sobre eso?
—¿De verdad has visto mejores hombres que yo? –le pregunto y aunque no quería que mi voz saliera así de preocupada, fallo en el intento.
Sus ojos se fijan en mi y se suavizan al instante.
—No, solo hubo un hombre después de ti y lo conoces tanto como yo, si es por lo que dije en la cena, discúlpame, solo era una broma, no creí que te fuera a hacer tanto ruido.
—Fueron celos en realidad y si un poco de golpe al ego. –confieso.
Khatia acerca su mano hasta mi hombro y con la yema de sus dedos acaricia despacio mi piel, mi cuerpo se enciende aún más.
—No eres un blandengue, sigues siendo muy...fuerte.
—¿Fuerte? Casi puedo apostar que eso no es lo que ibas a decir.
—No sé de que hablas. –señala y se aleja de mi pero la detengo.
No puedo evitar sentir ese fuego que se enciende apenas la veo, y estoy seguro que a ella le pasa igual.
Puedo ver sus pupilas dilatadas, su respiración acelerada, y como humedece sus labios.
Acerco mis labios hasta los de ella, los rozo apenas un poco. Inhalo su perfume, mi cuerpo despierta y ella lo nota.
—Marco, por favor.
Su voz me súplica, pero no estoy seguro de que.
La beso, me aferro a su cuerpo, su lengua acaricia la mía, sus manos buscan mi piel. Le quito la camisa a tirones rompiendo varios botones en el proceso.
Solo lleva una diminuta tela que cubre su se.xo, me deshago de ella y me pongo de rodillas ante mi mujer, beso sus labios, mi lengua los saborea, ella gime mi nombre y entierra sus dedos en mi cabello.
Su cuerpo se tensa, grita mi nombre envuelta en éxtasis, mis labios riegan besos húmedos por su vientre, devoran su boca, la piel de su cuello, la levanto del suelo sin dejar de besarla.
Mi teléfono suena, quiero ignorarlo pero no sé si debo.
Camino hasta donde está y respondo la llamada aún con la respiración errática y una rusa desnuda entre mis brazos.
—Italia.
—¿Crees que estar en esa bella casita blanca te va a salvar de la muerte, escoria italiana?
—¿Qué carajos?
—Tic tac, mierda italiana. –dice antes de colgar la llamada.
—Tenemos que irnos. –señalo y ella baja de mi.
Llamo a Nicolette mientras Khatia se pone algo de ropa, el sonido de vidrios rotos me alerta, mis ojos se abren con sorpresa.
—¡Khatia no!
La explosión es más rápida, la oscuridad es inminente.