POV. FRAN Después de una hora, llegamos a casa de Serrat… o más bien, a su estudio. Porque esto no es un hogar: es un escenario. Las luces ciegan desde el momento en que uno se acerca, focos estratégicamente colocados para que cualquiera se sienta dentro de una sesión fotográfica permanente. Todo brilla. Todo está pensado. Todo grita mírenme. Mientras el auto avanza lentamente hacia la entrada, repaso mentalmente las reglas del plan, como si fueran un manual de supervivencia: Manos entrelazadas. Risas privadas. Defendernos mutuamente. Gestos cómodos. Silencios que parezcan intimidad. Demasiadas reglas para una sola noche. Demasiada presión para un corazón que ya viene fallando desde hace días. No basta con llegar con una mujer hermosa como Emilia a mi lado —porque lo es, y cada vez se

