POV. EMILIA La loquita del parque no regresó. Tampoco la loquita del cuarto. Ambas quedaron sepultadas bajo una combinación letal de yoga nivel iluminación espiritual + vino nivel apagón emocional. La verdad: no pensé, no lloré, no sentí… Solo me apagué. Y cuando me apago, quedo como un iPhone del 2015 con batería inflamada: inútil, frágil y peligrosamente cerca de explotar. Ahora estoy aquí, sentada en un avión privado, camino al Castell Anteportamlatinam, rodeada por la familia de Fran… una familia que NO CALLA. Hablan, hablan, ríen, discuten, recuerdan anécdotas, planean la semana, cuentan chistes… y yo estoy atrapada en medio, sonriendo como si no estuviera emocionalmente destruida. Fran y yo seguimos actuando. Él está sentado a mi lado, platicando con sus hermanos como si no tuv

