Bajo una de mis manos hacia su pecho, justo sobre su corazón. —Creo que podemos hacer una pausa… —Su risa me interrumpe. —He estado matándome en ese gimnasio todo el tiempo posible desde que Charles me dio luz verde. —Me sonríe—. Me he preparado para esto y más, así que no voy a dejar que uses eso como excusa. —No es excusa, solo te estoy cuidando. —Puedo resistir, mi amor. Eso y más. —Me guiña un ojo y me lanza una mirada seductora—. Y justo estoy a punto de demostrártelo. Él no espera a que le responda. Sus labios se adueñan de los míos con una intensidad que me deja sin aliento. Sus manos firmes, pero llenas de ternura, trazan un camino desde mi cintura hasta mis caderas, afianzándome contra él, como si quisiera asegurarse de que no me desvaneceré, como si aún tuviera miedo de que