Brittainy Stewart El aroma del café recién hecho llena el apartamento e inunda mi nariz cuando abro la puerta. Suspiro con necesidad, porque adoro el café a toda hora y sigo como personaje animado el olor tan delicioso que me hace la boca agua. No esperaba encontrarme con nadie a esta hora, sé que mi madre no está porque me avisó que saldría, pero ahí está Edwin, de pie junto a la encimera, sirviéndose una taza del líquido vital. Él se gira cuando me escucha y una media sonrisa se forma en sus labios. La luz de la mañana que se filtra por la ventana más cercana ilumina su expresión y me encanta ver que se nota tranquilo. Aunque también es evidente para mí que está nervioso. Lo delata la postura medio tensa. —No sabía que eras madrugador —digo, llegando a él y apoyando mis codos en la en