Marceau, sin embargo, permaneció estoico, fingiendo dormir mientras se recostaba. En secreto, era plenamente consciente de cada roce y se esforzaba por aparentar impasibilidad. Anneli, en su mente, no creía que estuviera del todo mal irse sin consultar a Marceau. Primero, su salida apresurada era comprensible dado su estado de ánimo. Segundo, se preguntaba si Marceau habría preferido que se fuera para poder quedarse más tiempo en la fiesta de Vivian. El verdadero problema fue su regreso abrupto, preguntando torpemente si él también se iba. Si él hubiera decidido quedarse, tal vez ella sería la que estaría molesta ahora. Pero la marcha inmediata de Marceau, que arruinó el ánimo de Vivian, complació mucho a Anneli. Contenta con el resultado, se sintió inclinada a apaciguarlo.

