Capítulo 15

1122 Palavras
Eva La vi inmediatamente en la entrada del Greenhouse Cafe, tal y como me había indicado. No fue difícil, teniendo en cuenta su estilo único. El abrigo color nude que llevaba transmitía un lujo discreto. Se notaba que era caro, pero a la vez sencillo. Me vio cuando me acerqué y una agradable sorpresa iluminó su rostro. Cada vez que la veía, me sorprendía lo joven que parecía. A pesar de tener más de cuarenta años, parecía diez años más joven, y su atuendo le daba aún más elegancia. —No tenías por qué esperar fuera —le dije, sintiéndome culpable. Me había costado encontrar el lugar y el tráfico me había retrasado aún más. —No digas tonterías. De todos modos, no llevo aquí mucho tiempo —dijo, tratando de restarle importancia al tema. A pesar de su intento, seguía sintiéndome mal por haberla hecho esperar. A pesar de ser m*****o de una de las familias más ricas, siempre era muy amable, dulce y con los pies en la tierra, muy diferente de sus otros compañeros. Realmente me hacía preguntarme cómo podía estar con alguien tan vil como Richard. —¿Entramos? —dijo, rodeándome con el brazo. Intentaba cambiar de tema y, esta vez, yo le seguiría la corriente. De todos modos, ya que estaba allí, daba lo mismo. Le devolví la sonrisa y juntos entramos en la cafetería. Aunque había oído hablar de ella, nunca había estado en un lugar así. Me costó bastante encontrarla siguiendo sus instrucciones, pero cuando entré, comprendí por qué. Me quedé completamente asombrado por lo que vi en su interior. El lugar parecía más un jardín que una cafetería. Las plantas enmarcaban la iluminación y las mesas, todas ellas sencillas pero a juego con los colores neutros y terrosos de las paredes. Realmente hacía honor a su nombre. No me cabía duda de que esta cafetería era lujosa, solo por su decoración y por lo grande que era. Nadie normal entraría aquí sin sentirse un poco inadecuado. Incluso yo me sentía así. Grace, por su parte, parecía más familiarizada con el lugar, ya que saludó con la cabeza al camarero que ni siquiera había visto. Este nos condujo a nuestros asientos reservados, que parecían una sala privada. —No te preocupes, la mayoría de las flores que hay alrededor de las mesas son artificiales. Aquí no hay posibilidad de alergia al polen —bromeó mientras me acompañaba a nuestros asientos. Cuando el camarero nos pidió la comanda, ella pidió una taza de té y yo un café. Por fin nos dejaron solos. Ella sonrió, inclinándose ligeramente sobre la mesa. —Me alegro de que hayamos podido vernos. La última vez que nos vimos no pudimos hablar —dijo ella. Mi sonrisa se tensó al recordar aquello. Aún no había superado la actitud de Viktor de antes y ahora recordar todo lo que había hecho dos días atrás me resultaba molesto. —Sí, lo recuerdo —asentí secamente, levantando la vista justo a tiempo para ver cómo se le ensombrecía el rostro. Casi se me olvida que nos había visto antes de irme, pero, por suerte, no había oído lo que él o su marido habían dicho sobre mí. Tras una breve pausa, volvió a hablar. —Lo siento. Casi retrocedí por la sorpresa. «¿Qué?», pensé incrédula. No tenía nada de qué disculparse. Bajó la mirada y empezó a jugar con los dedos y el anillo. —Pido perdón en nombre de mi hijo. No conozco los detalles de lo que pasó, pero al veros a los dos me di cuenta de que había ocurrido algo malo. Por eso lo siento —dijo. —No tienes la culpa —dije apresuradamente, sintiendo un nudo en el estómago. Ella era la última persona de la que quería escuchar una disculpa, no cuando el responsable no mostraba ningún remordimiento. —Yo... me di cuenta de su comportamiento de ir de discotecas hace mucho tiempo —balbuceó, con aspecto abatido y conmocionado. —No sé cuándo empezó, pero cuando volvió a casa —pareció detenerse en ese momento, mirándome con recelo. —Cambió. Empezó a salir y a volver con aliento a alcohol. Ya no se comportaba como el hijo que yo conocía. Richard no hacía nada. No le importaba. Yo era la que tenía que cuidar de él durante sus resacas y todo lo demás. Verlo en ese estado... Me rompe el corazón. Su voz se quebró al final. Viktor nunca iba a discotecas. Incluso en el pasado, siempre hablaba de lo vacío que estaba antes. De cómo habían cambiado las cosas. —Ahora está mucho mejor que hace seis años. Lo intenta por mí y se ocupa del negocio, pero no es lo mismo. Aunque sus hábitos de salir de fiesta disminuyeron después del anuncio del compromiso, no ha cambiado. Lo que todavía me hace preguntarme por qué aceptó comprometerse si iba a seguir con su actitud. Está tan decidido a casarse con esa... chica. Hizo una mueca al instante, como si la mención, aunque indirecta, de Brienne la hiciera sentir vergüenza. Me di cuenta, pero fruncí los labios y lo ignoré. Ya había tenido suficiente de Viktor por hoy. Pensar en él me ponía de mal humor y lo mismo le ocurría a su madre. Nuestra ensoñación se vio interrumpida por unos pasos que se acercaban. El camarero había traído nuestro pedido. Con un murmullo de agradecimiento y una reverencia, volvieron a salir de la sala. El silencio era pesado mientras pasábamos el rato mirando fijamente las tazas. Una vez más, fue Grace quien lo rompió. —Bueno —dijo Grace en un tono más ligero, cogiendo su taza y dando un pequeño sorbo. Me di cuenta de que estaba tratando de cambiar de tema y aliviar la tensión. —¿Cómo te va la vida? No respondiste a mi pregunta la primera vez que nos vimos —dijo con una pequeña sonrisa en los labios. Había una razón por la que no se lo había contado, y recordarlo me hizo temblar por dentro. —Me va muy bien, como puedes ver. Ahora trabajo en S. Corporation —dije, forzando un tono ligero para mantener la calma. —Como ejecutivo. Lo recuerdo —respondió ella, tarareando. —¿Y tu vida personal? —insistió. Se me cerró la garganta. Ese era el tema que estaba tratando de evitar. Mis dedos se curvaron. Mis hijos eran mi vida y no podía decirle nada específico sin mencionarlos. Confiaba en ella y, sin embargo, decirle la verdad me resultaba abrumador. ¿Debería hablarle de mis hijos, sus nietos? ¿Cómo reaccionaría? Ni siquiera parecía saber todo lo que me había llevado a marcharme en primer lugar.
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